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Consejos para padres

Dejar el pañal es un paso muy importante en el desarrollo de tu bebé, BabyPants® te acompaña durante este proceso con los mejores consejos para que juntos disfruten cuando llegue el momento de ser un niño grande.

PSICOLOGÍA

¿Por qué le gritamos a los niños?

Una nota por Luis Carlos y Gaby.

¿Cuáles son las verdaderas razones por las que gritamos a los niños? En mi opinión no tiene mucho que ver con lo que ellos hacen, no se debe a su comportamiento. Tiene que ver con nosotros mismos, los adultos responsables, maduros y con autocontrol que se supone que somos.

Estoy segura de que esto que te compartiré te será útil, así que aquí está.

Vaso demasiado lleno

La mayoría de los adultos no saben qué hacer con sus propias emociones. No utilizan los mejores canales para descargarlas, y suelen dejar que se vayan acumulando. Cuando el vaso está a punto de desbordar, cualquier cosa los hace explotar. En realidad su reacción suele ser desproporcionada y desligada del suceso.

Ejemplo: Los hijos de Mariana están jugando, haciendo ruido como de costumbre. Ella llega a casa después de haber tenido un disgusto con su jefe. Acto seguido, le grita a sus hijos que ya se dejen de sus juegos y le hagan caso... La realidad es que descargó su enojo y tensión en ellos. ¿Te parece justo?

Nuestra Infancia

Lo que queda inconcluso en la niñez tiende a emerger en la adultez. No necesariamente tuvimos que haber tenido una infancia dura o fea para que esto suceda. Todos guardamos heridas, historias inconclusas y momentos no procesados que tienden a resurgir de manera inconsciente cuando somos adultos. Sobre todo con nuestros hijos, en esos momentos en que nos reflejan nuestra historia.

Lo que no se procesa, se proyecta. Y la forma en que lo hacemos deja huella en nuestros hijos.

Aunque no nos demos cuenta, ya está interiorizado. Forma parte de nuestro sistema de creencias y en los momentos de tensión, cansancio, enfado o menor racionalidad, nos dejamos llevar por ese patrón inconsciente. Y gritamos.

Vida estresante

El ritmo de vida y de exigencias de los adultos - y también el de los niños - es excesivamente estresante. Muchas veces no atiende ni responde ante necesidades reales. Hay muy poco tiempo libre. Las jornadas laborales y académicas son agotadoras y, si no hay trabajo, las preocupaciones también pueden ser devastadoras.

El agobio por las preocupaciones o las tareas pendientes hace que presionemos a los niños para que no molesten y para que se adapten a un horario muy apretado. Les exigimos que obedezcan y atiendan cosas que muchas veces no son necesarias. Sería todo más sencillo si no viviéramos con un ritmo tan rígido y estresante.

Agotamiento

La falta de sueño es quizá una de las razones por las que más perdemos la cordura por momentos. Tener niños pequeños casi siempre va ligado a tener menos horas de sueño o descanso de las que necesitamos. Estar conectados, activos y serenos nos costará si estamos especialmente enfermos o agotados.

Ejemplo: Adriana acababa de tener bebé. Dormía poco y su otro hijo y su marido demandaban mucha atención de ella. Sin darse cuenta, se la vivía explotando y de mal humor.

No hacen caso

El grito parece ser el único recurso para que los hijos hagan caso. Si bien, años atrás los padres consiguieran que sus hijos les hicieran caso gracias a la nalgada (ejercer miedo), los padres de ahora lo han intercambiado por los gritos.

Sin embargo, con esto le están enseñando a sus hijos que ese es el momento en el que deben hacer caso. El mensaje es: "Si no ha gritado, no es importante.”

Muchos padres han elegido la ruta de la paternidad reactiva para ejercer control sobre sus hijos. Es un patrón bastante popular, va más o menos así:

1- Repites la instrucción... y repites...

y repites... y repites...

2- Sermoneas... y cuando eso no funciona.

3- Amenazas: “¡Ok! novas a tener el iPad por una semana”: (aunque en el fondo sabes que no lo vas a cumplir) y cuando esto no funciona al final acabas...

4- ¡EXPLOTANDO! Justo lo que querías evitar.

Pero seamos honestos, estás enojada y enganchada, y por lo menos así les haces saber que hablas en serio. Y cuando te das cuenta, intercambiaste obediencia por afecto, y lastimaste a quienes más amas.

Si esto te ha sucedido, y estás list@ para hacer un cambio real en este patrón reactivo y poco efectivo, entonces esta publicación es para ti.

La paternidad reactiva es el resultado natural de padres con mucho corazón, poco preparados. No quieren lastimar a sus hijos, pero no saben cómo no hacerlo. Todos somos responsables de que esta sea por mucho la forma más común de criar a nuestros hijos. Escuchamos decir: “los hijos no vienen con manual de instrucciones", y sabemos que debería ser tema obligatorio en la escuela. Que así como nos enseñaron las partes de la célula y cómo nutrirla para que funcione mejor, debimos tomar clases sobre cómo nutrir nuestro propio potencia  y cómo educar y criar a nuestros hijos para que desarrollen el suyo.

Con amor,

Luis Carlos y Gaby.

Para más información, visita Niños de Ahora.

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